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viernes, 20 de junio de 2014

Como manejar el castigo y el premio con nuestros hijos


Mi hijo de 2 años ya da muestras de su fuerte carácter y tenemos nuestros más y menos de vez en cuando. Es muy chiquitito todavía, normalmente hasta los 3-4 años no se generan problemas de conducta que desencadenen un conflicto familiar “importante”. Pero, es tiempo de que vaya dándose cuenta que sus actos tienen consecuencia y marcar límites para enseñarle que conducta es correcta y cual no. Por ahora lo que mejor me funciona es el refuerzo positivo y también, si tira o ensucia algo, que lo recoja o lo limpie. 
Ojala hubiera un manual exacto y con pautas generales que sirvieran para todos los niños por igual, pero esto no es así. Cada familia y cada niño son completamente diferentes. Hay que elegir el mejor método que se adapte a cada caso e ir evaluando los resultados obtenidos. Continuar con lo que funciona y buscar alternativas a lo que no consigue el cambio de conducta.

¿Conocéis el refuerzo y el castigo? ¿Sabéis que tipos existen?


El refuerzo y el castigo son dos tipos de consecuencias posibles ante una conducta, y cada una de estas consecuencias cumple una función: aumentar o disminuir la frecuencia de aparición de la conducta en cuestión.
            ☼ Llamamos refuerzo a aquellos estímulos que favorecen la aparición o repetición de una conducta.

  • Refuerzo positivo: Aumenta la aparición de una conducta pues a esta conducta le sigue una consecuencia agradable. Por ejemplo: se le hace un regalo al niño por tener buenas notas o se le muestran atención, cariño y señales de aliento ante un buen comportamiento.
  • Refuerzo negativo: Aumenta la aparición de una conducta pues a esta conducta le sigue la eliminación (de ahí que se llame refuerzo “negativo”) de algo que a la persona le resulta desagradable. Por ejemplo, al niño al que no le gustan nada las judías verdes se le permite comer menos cantidad de estas verduras en la cena a consecuencia de haber sido muy obediente y haber recogido su habitación.

     ☼ Llamamos castigo a aquellos estímulos que favorecen la desaparición o extinción de una conducta.

  • Castigo positivo: Disminuye la aparición de una conducta  pues la conducta es seguida de un estímulo desagradable para quien la ha producido. Un ejemplo claro de castigo positivo es echar una fuerte bronca al niño que acaba de pegar a su hermano.
  • Castigo negativo: Disminuye la aparición de una conducta pues a esa conducta le sigue la eliminación de algo que habitualmente es agradable para la persona. Por ejemplo, dejar al niño sin ver la televisión después de que haya desobedecido a su madre que le pedía que recogiera la habitación.

QUE HACER PARA QUE UN REFUERZO FUNCIONE…


  1. Los mejores premios son aquellos que no son económicos, es decir, elogios, actividades conjuntas, demostraciones de cariño, etc. Los refuerzos que implican dinero (comprarle cosas, darle un dinerito, etc.) son útiles en muchas circunstancias pero es importante saberlos manejar pues, a la larga, pueden llegar a ser contraproducentes de algún modo.
  2. Dile algo bonito a tu hijo/a cada vez que haga algo que te gusta: “¡Qué bien has recogido tu cuarto!”, “¡Eres una campeona!”, “¡Cómo me gusta cuando te poner a hacer los deberes!”, etc. Aunque parezca algo demasiado sencillo, se sentirá reforzado/a a volver a hacerlo. ¿A quién no le gusta un elogio?
  3. Como sucede con los castigos, los refuerzos deben ser cercanos en el tiempo a la conducta que deseamos reforzar.
  4. Por supuesto, también han de que ser coherentes y proporcionados, teniendo siempre en cuenta factores como el nivel de esfuerzo que la conducta ha podido suponer para el niño.
  5. Es también recomendable que a la misma conducta le sigan habitualmente consecuencias iguales o similares.
  6. Y, una vez más, si se ha prometido un refuerzo, es muy frustrante para el niño,  y para cualquier persona de cualquier edad de hecho, que finalmente no tenga lugar. Si le dices a tu hijo/a que le vas a premiar con algo, no te puedes echar atrás o no confiará en ti ni en la necesidad de hacer las cosas del  modo que hemos tratado de enseñarle.

Y PARA QUE EL CASTIGO SEA EFECTIVO…

  1. Cuanto menos castiguemos, mejor. Es más efectivo funcionar con refuerzos que con castigos. Aún así son importantes para establecer normas y límites, algo que todos los niños necesitan.
  2. Los castigos deben ser cercanos en el tiempo a la conducta no deseada. No sirve de mucho que castiguemos a un niño sin jugar a la consola todo el fin de semana por haberse portado mal el lunes, porque entonces estaremos ignorando que de martes a viernes se portó bien. Lo ideal es que el castigo se produzca de la manera más cercana posible al momento en el que el niño emitió la conducta que deseamos eliminar.
  3. Los castigos no deben alargarse en el tiempo o producirán acomodación. Por ejemplo, si castigamos a nuestra hija sin ordenador durante un mes por sacar malas notas, lo más probable es que llegado cierto momento ya le dé igual porque se habrá acostumbrado a estar sin ordenador y alguna otra actividad acabe por cumplir la  misma función.
  4. A la misma conducta siempre le debe seguir una misma consecuencia. Es decir, si decidimos castigar a nuestro hijo sin ver la televisión por haber insultado a otro niño, es recomendable castigarle de igual manera cuando repita una conducta similar. Si actuamos de otra manera, él no sabrá qué esperar, sobre todo si alguna vez no lo castigamos pese a haberse comportado del mismo modo, y tanteará esa conducta u otras similares para ver qué sucede.
  5. Los castigos deben ser coherentes y proporcionados con respecto a la conducta del niño. Por ejemplo, una niña que tira a la basura unas pocas verduras del plato que no quiere acabarse, no debería sufrir un castigo igual que la que ha pegado a su hermana hasta hacerla llorar.
  6. Los castigos no se quitan. Si decides castigar a tu hijo por algo, no dejes que te convenza de que no lo volverá a hacer ni te dejes influir por sus posibles llantos. Los niños deben aprender que sus actos tienen consecuencias.
  7. No dejes que tu estado de ánimo influya a la hora de castigar a tus hijos. Si estás muy enfadado/a deja pasar un rato antes de decidir el castigo. Y recuerda que los niños también tienen días malos, habla con ellos para saber si hay algo que les preocupa y que está influyendo en su mal humor.

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